Pedro de los Ángeles, profesor

22 Octubre 2009

¡Un motivo más para estar orgullosos!‏

Archivado en: Avisos, General — Petrus Angelorum @ 10:05 am
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Unam Premio Príncipe de Asturias

Nos complace informar que el pasado 10 de junio de 2009, la Universidad Nacional Autónoma de México fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades, el cual fue instituido en 1981 y es concedido a la persona, grupos o institución cuya labor creadora o de investigación represente una aportación a la cultura universal en esos campos.

Al hacer público el otorgamiento de esta distinción, Ricardo Senabre, presidente del jurado, refirió que a lo largo de sus 100 años de historia, la UNAM se ha convertido en “un centro de referencia, aunando la calidad y variedad de su oferta académica y de investigación con su firme compromiso con la difusión cultural, el humanismo y las nuevas tecnologías”.

cartel_unam_asturias

23 Septiembre 2009

18 Septiembre 2009

Tolkien en los demás libros, primera entrega

Archivado en: General — Petrus Angelorum @ 4:22 pm
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Revista Mexicana de Política Exterior, número 85 

Nicholas J. Cull, “Diplomacia pública: consideraciones teóricas”, en Revista Mexicana de Política Exterior, núm. 85, pp. 55-92, en http://portal.sre.gob.mx/boletinimr/pdf/8502N.Cull.pdf


Cita y aplicación de Tolkien:


 

Intercambio y mundos virtuales en línea


La potencia de los intercambios como un mecanismo de la diplomacia pública está fuera de discusión, pero su implementación ha estado limitada por el presupuesto y la geografía, lo mismo que por barreras culturales a la participación de todos los miembros de la sociedad. Uno de los mecanismos para reunir los beneficios manifiestos del intercambio y de la nueva tecnología de Internet es el desarrollo de medios virtuales en línea que permiten geográficamente a usuarios distantes interactuar en tiempo real. Los ejemplos más conocidos son los juegos de roles masivos en línea y con múltiples jugadores, como el mundo “tolkienesco” del Warcraft (lanzado por Blizzard Entertainment a fines de 2004).


15 Septiembre 2009

Es Iraq y no Irak

Archivado en: Español, Léxico, Ortografía — Petrus Angelorum @ 10:56 am
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Se puede revisar la RAE, Ortografía de Lengua Española, Madrid, Espasa Calpe, 199, p. 124.

La postura de la Unión Europea es Iraq (http://publications.europa.eu/code/es/es-5000500.htm) También la de la ONU (http://www.un.org/es/members/)

El Panhispánico aclara y explica mejor:

“Iraq. La grafía culta del nombre del país árabe que se asienta sobre los territorios de la antigua Mesopotamia es Iraq. Esta grafía resulta de aplicar las normas de transcripción del alfabeto árabe al español, según las cuales la letra qāf en la que termina este topónimo en árabe se representa en español mediante la letra q. La grafía Iraq es la que usan filólogos y arabistas de la talla de Ramón Menéndez Pidal, Miguel Asín Palacios y Emilio García Gómez, entre otros. No obstante, y debido probablemente a la anomalía que supone para el sistema gráfico español el uso de la letra q en posición final, desde muy temprana fecha se documenta también en español, y es válida, la grafía Irak. El gentilicio es, para ambas formas, iraquí y su plural, en la lengua culta, es iraquíes (→ plural, 1c). No debe usarse la forma irakí para el gentilicio.” ( http://buscon.rae.es/dpdI/ )

 Y en el sentido al empate, entre ambas formas, lo abonan las declaraciones de la Fundación de Español Urgente: “Irak/Iraq Ambas formas son correctas. Iraq es la forma culta para el nombre de este país del suroeste de Asia. Sin embargo, el uso más extendido entre los hispanohablantes al escribir este nombre es Irak. El hecho de que se escriba con k final no implica que el gentilicio sea irakí. La forma correcta en español es iraquí.” (http://www.fundeu.es/esurgente/lenguaes/Principal.asp?opcion=terminos&letra=I&tipoDetalle=terminos&idDetalle=3534&ayuda=no&buscar=&terminobusqueda=#terminos_3534) El Libro de Estilo de El País va más allá: “Irak, no Iraq. Pero ‘iraquí’ (plural, iraquíes) para lo relativo o perteneciente a Irak.” (http://estudiantes.elpais.es/LibroEstilo/dic_ir.asp)

 Para mayor abundancia se pueden consultar:

“¿Cómo debemos escribir, Iraq o Irak?”, en http://www.elcastellano.org/iraq.html

Concepción Bados Ciria, “¿Irak o Iraq?”, en http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/julio_03/02072003_02.htm

8 Septiembre 2009

Cómo hacer un poema moderno I

Archivado en: General — Petrus Angelorum @ 4:16 pm
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Es una pregunta bastante común, con soluciones rápidas y algunas no tanto. Comienzo por las primeras.

 Si uno tiene algo de pereza, esta aplicación lo hará por usted:

Compositor de poesía barata

Puede sentirse ya todo un poeta. (Si el resultado no es de su agrado, no se desanime, vuelva a intentarlo una y otra vez, seguramente a fuer de intentarlo le sale un soneto o, incluso, algo bonito.)

Si no es amigo de las cosas fáciles ni le da pereza el escribir ni lo desalientan las críticas de sus amigos, familiares y críticos literarios… entonces espere próximas noticias.

8 Julio 2009

Despedida a los alumnos de sexto año de primaria

Durante la vida habrá varios motivos que nos pondrán tristes y nos harán llorar, uno de ellos suele ser dar una despedida; sin embargo, la despedida que hoy damos a los alumnos que terminan su educación primaria no es motivo para la melancolía ni el dolor: es causa justa de felicidad porque es el momento que da fin a todo el trabajo y el esfuerzo que empeñaron en sus estudios elementales.

Los maestros sienten una enorme satisfacción porque sus esperanzas eran ciertas: el sembrador ve como germinan las semillas que ha plantado. Alumnos que hoy dejan esta escuela primaria, sus profesores han puesto empeño en grabar en sus mentes los conocimientos básicos y necesarios para emprender nuevas etapas, el valor de la educación y la idea de lo que es ser un ciudadano mexicano.

De la escuela no sólo se llevarán lo anterior: conservaran en su memoria las horas de alegría que vivieron en esta escuela, porque no sólo disfrutaron de aprender, también conocieron a nuevos amigos, sus compañeros de estudios y juegos, con ellos se formaron planes para el futuro, adelante pues con la educación recibida, los nuevos amigos y los sueños.

Alumnos, nunca olviden que en su escuela primaria recibieron la enseñanza cuya luz fue el faro que los guió a este puerto donde felices los recibimos sus maestros y padres.

A pesar de la estar embargados por la emoción de este acto solemne, deseamos aconsejarles sobre su certificado de estudios primarios, con él no termina una etapa sino que sea sólo el comienzo de otras más, saben bien que el hombre preparado nunca tendrá miedo ante la dureza y los obstáculos que le presente la vida.

Este certificado es la suma de la labor del maestro y el esfuerzo de cada alumno para lograrlo, porque ambos han llegado a una mutua comprensión para alcanzar una meta común: el aprendizaje ha sido posible cuando nuestras ansias, energías y voluntades se pusieron de acuerdo en alcanzar ese fin.

Todavía queda algo más que recordar y que no deben olvidar es que algunos de sus profesores lograron entablar una amistad sincera con ustedes, ya sea por prodigarse en el desempeño de sus actividades diarias o bien durante la convivencia que tuvieron en un mismo recinto a lo largos de los últimos seis años.

Esta escuela, recinto de saber por varias generaciones, sólo tiene algo más que agregar en este adiós: ¡vayan!, ¡luchen!, ¡venzan!

22 Junio 2009

Bibliografía para el maestro de la materia de Español Reforma a la Educación Secundaria

Archivado en: General — Petrus Angelorum @ 12:44 am
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Lo que se incluye a continuación es la un intento de hacer una Bibliografía, primero con los materiales recomendados por el programa de Español (disponible en líena aquí).

En sucesivas relaboraciones esta bibliografía crecerá un poco más y se completará con algunos materiales que son necesarios para un profesor de Español.

Bibliografía sugerida por el programa

Alarcos Llorach, Emilio, Gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe (Nebrija y Bello), 1994.

Alcina, J. y J. Blecua, Gramática Española, Barcelona, Ariel (Letras e ideas), 1998.

Beristáin, Helena, Diccionario de retórica y poética, México, Porrúa, 2001.

Beristáin, Helena, Gramática estructural de la lengua española, México, Limusa, 2004.

Blance-Benveniste, C., “La escritura, irreductible a un ‘código’”, en E. Ferreiro (comp.), Relaciones de (in)dependencia entre oralidad y escritura, Barcelona, Gedisa, 2002.

Blanche-Benveniste, C., Estudios lingüísticos sobre la relación entre oralidad y escritura , Barcelona, Gedisa, 1998.

Bordieu, P., El sentido práctico , Madrid, Taurus, 1991.

Bruner, J. (1988), Realidad mental y mundos posibles. Los actos de la imaginación que dan sentido a la experiencia , Barcelona, Gedisa.

Bruner, J. (1988), Realidad mental y mundos posibles. Los actos de la imaginación que dan sentido a la experiencia , Barcelona, Gedisa.

Cassany, Daniel. et al., Enseñar lengua, Barcelona, Graó, 2002.

Cassany, Daniel., La cocina en la escritura, México, Anagrama/ SEP (Biblioteca para la actualización del maestro), 2002.

Catach, N., “La escritura como plurisistema, o teoría de L prima”, en N. Catach (comp.), Hacia una teoría de la lengua escrita , Barcelona, Gedisa, 1996.

Cavallo, G. y R. Chartier, Historia de la lectura en el mundo occidental , Madrid, Taurus, 1998.

Cavallo, G., “Entre el volumen y el codex: la lectura en el mundo romano”, en G. Cavallo y R. Chartier, Historia de la lectura en el mundo occidental , Madrid, Taurus, 1998.

Chafe, W., “Writing in the perspective of speaking”, en Ch. Cooper y S. Greenbaum, Studying Writing: Linguistic Approaches, Beverly Hills , sage Publications, 1986.

Chartier, A. M. y J. Hébrard, Discursos sobre la lectura , Barcelona, Gedisa, 1994.

Chartier, R., El mundo como representación. Historia cultural: entre práctica y representación , Barcelona, Gedisa, 1994.

Chartier, R., El orden de los libros. Lectores, autores, bibliotecas en Europa entre los siglos xiv y xviii , Barcelona, Gedisa, 1994.

Chartier, R., Pluma de ganso, libro de letras , ojo viajero, México, Departamento de Historia- uia, 1997.

Darnton, R. (1993), “Historia de la lectura”, en P. Burke (ed.), Formas de hacer historia , Madrid, Alianza Universidad, 1993.

Ferreiro, E. y A. Teberovsky, Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño, México, Siglo xxi, 1999.

Ferreiro, Emilia, Pasado y presente de los verbos leer y escribir, México, SEP/FCE, 2001.

Ferreiro, Emilia. (comp.), Relaciones de (in)dependencia entre oralidad y escritura , Barcerlona, Gedisa, 2002.

Frenk, M., Entre la voz y el silencio, Alcalá de Henares, Centro de Estudios Cervantinos, 1997.

Gili Gaya, Samuel, Curso superior de sintaxis española , Barcelona, Vox, 1998.

González, R. S., Periodismo de opinión y discurso, México, Trillas, 1999.

Goody, J., The Interface Between the Written and the Oral , Cambridge , Cambridge University Press, 1987.

Graff, H. J., The Legacies of Literacy. Continuities and contradictions in western culture and society , Bloomington , Indiana University Press, 1987.

Hargreaves, A., L. Earl y J. Ryan, Una educación para el cambio. Reinventar la educación de los adolescentes, México, SEP/ Octaedro, 2000.

Hernández, F. y M. Ventura, Organización del currículum vitae por proyectos de trabajo. El conocimiento es un caleidoscopio, Barcelona, Universidad de Barcelona, 1992.

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Jauss, H. R., “Experiencia estética y hermenéutica literaria”, en D. Rall, En busca del texto. Teoría de la recepción literaria, México, UNAM, 1987.

Kaufman, A. M. y M. E. Rodríguez, La escuela y los textos, México, SEP/Santillana, 2004.

Lara, Luis Fernando, Lengua histórica y normatividad, México, El Colegio de México, 2004.

Lara. Luis Fernando, “Educar lengua”, en La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria , México, SEP, 2000.

Lerner, D., Leer y escribir en la escuela, México, FCE / SEP (Biblioteca para la actualización del maestro), 2001.

Lerner, D., Leer y escribir en la escuela, México, FCE/SEP (Biblioteca para la actualización del maestro), 2001.

Lomas, Carlos, Cómo enseñar a hacer cosas con las palabras. Vol II. Teoría y práctica de la educación lingüística, Barcelona, Paidós (Papeles de pedagogía, 39), 1999.

Lomas, Carlos, Cómo enseñar a hacer cosas con las palabras. Vol. I. Teoría y práctica de la educación lingüística, Barcelona, Paidós (Papeles de pedagogía, 38), 1999.

Lomas, Carlos, El aprendizaje de la comunicación en las aulas , Barcelona, Paidós, 1999.

Martínez J. M., El caracol y la rosa, México, Santillana/ SEP (Biblioteca escolar), 2002.

Montes, G., La frontera indómita , México, SEP/FCE, 2000.

Navarrete, F., Flor y canto, México, Santillana/ SEP (Biblioteca escolar), 2002.

Ong, W., Oralidad y escritura , México, fce, 1987.

Patán, Federico., La novela y sus caminos , México, Santillana/ SEP (Biblioteca escolar), 2002.

Pellicer A. y Sofía Vernon, Aprender y enseñar la lengua escrita en el aula, México, S M (Aula nueva), 2004.

Petit, M., Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura , México, SEP/FCE, 1999.

Rall, D., En busca del texto. Teoría de la recepción literaria , México, UNAM, 1987.

Real Academia Española, Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, Madrid, Espasa-Calpe, 1998.

Saint-Onge, M., Yo explico, pero ellos… ¿aprenden?, México, FCE/SEP (Biblioteca para la actualización del maestro), 2000.

Segovia, F., Orillas del español , México, Santillana/SEP (Biblioteca escolar), 2002.

Serafini, María. Teresa, Cómo se escribe, México, Paidós, 1997.

Serafini. María Teresa, Cómo redactar un tema. Didáctica de la escritura , México, Paidós, 1991.

Stanovich, K. E. y A. E. Cunningham, “Studying the con-sequences of literacy within a literate society: the cognitive correlates of print exposure”, en Memory and Cognition, 20 (1), 1992, pp. 51-68.

Torres, J., Globalización e interdisciplinariedad: el currículum integrado, Madrid, Morata, 2000.

Vital, Alberto, ¡A jugar con la gramática! , México, Santillana/ SEP (Biblioteca escolar), 2002.

Vital, Alberto, Géneros viejos y nuevos, México, Santillana/SEP (Biblioteca escolar), 2002.

Vital, Alberto, La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria , México, Subsecretaría de Educación Básica y Normatividad-Dirección de Materiales y Métodos Educativos-Programa Nacional de Actualización Permanente, 2000.

Vital, Alberto, La adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria, México, Subsecretaría de Educación Básica y Normatividad-Dirección de Materiales y Métodos Educativos-Programa Nacional de Actualización Permanente, 2000.

Vital, Alberto, La gramática electrónica, México, Santillana/ SEP (Biblioteca escolar)2002.

Vital, Alberto, Las metamorfosis del español, México, Santillana/ SEP (Biblioteca escolar), 2002.

Vital, Alberto, Literatura y lotería , México, Santillana/ SEP (Biblioteca escolar), 2002.

Wellek, Rene. y Austin Warren, Teoría literaria , Madrid, Gredos, 1985.

14 Junio 2009

El catálogo de Biblioteca Escolar y Biblioteca de Aula, México: SEP

Archivado en: Avisos, General, Invitados — Petrus Angelorum @ 10:34 pm
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Circula por muchos medios una leyenda urbana: no hay un catálogo de los libros de los acervos de la Biblioteca Escolar y Biblioteca de Aula.


Sin embargo el catálogo histórico de Biblioteca Escolar y Biblioteca de Aula está disponible en línea: http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/SEC_CAT_H_1986-2006.pdf

 

todo ello en la página del Programa Nacional de Lectura.


Ahí se encontraran con las últimas actualizaciones:

Catálogo de selección 2008-2009 Bibliotecas Escolares y de Aula:

http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/cat_08.html

Catálogo de selección 2007-2008 Bibliotecas Escolares y de Aula:

http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/cat_07.html

Catálogo de selección 2006-2007 Bibliotecas Escolares y de Aula:

http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/Cat_sel_2006-2007.pdf

Catálogo de selección 2005-2006 Bibliotecas Escolares y de Aula:

http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/cat_05.html

Catálogo de selección 2004-2005 Bibliotecas Escolares y de Aula:

http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/cat_04.html

Catálogo de selección 2003-2004 Bibliotecas Escolares y de Aula:

http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/cat_03.html

 

También hay dípticos para los diferentes actores educativos:

http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/diptico.html

 

Finalmente, Propósitos del Programa Nacional de Lectura para la educación básica:

http://www.lectura.dgme.sep.gob.mx/documentos/cartel.html


7 Junio 2009

La educación y nosotros. ¿Qué puedo hacer yo?

Archivado en: Otros — Petrus Angelorum @ 9:07 pm
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Siempre habrá oportunidades de hacer más allá de un “algo”; lo que se escribe a continuación son algunas posibilidades, ¿se le ocurren más?

Informarse

Para elevar el debate educativo
Para conocer lo que se hace en otros países

Para saber lo que ha fracasado y lo que ha tenido éxito

Cambiar

Las creencias sobre: la escuela, el maestro, el papel de los padres, el discurso de impotencia educativa…

La cultura de la queja por la cultura de la acción

Difundir

Las propuestas, las ideas, las soluciones

Las esperanzas (sobre todo esto último)

Presionar

A los políticos, las administraciones, los medios de comunicación, los centros educativos, las asociaciones, los empresarios, a quien sea necesario…

Para que todo el mundo ejerza inteligentemente sus responsabilidades educativas

Para pasar de las palabras a los hechos

Participar

En la elaboración de propuestas

En la puesta en práctica de las que se consideren acertadas y necesarias

En las Asociaciones de Madres y Padres, en los centros, en los debates (luego no se queje que lo dejan fuera de las decisiones); con quienes se acercan a nosotros a pedir ayuda

Mantener

El contacto

La comunicación

Los ánimos

Recordar

La educación exige paciencia

Estar al pendiente

De la solución a los problemas, no de los problemas, esos los conocemos todos

De lo que se hace y de sus resultados

Fue tomado de: Movilizacioneducativa.net

22 Mayo 2009

El hijo pródigo (ensayo sobre el ensayo)

El hijo pródigo

Susan Sontang

Supongo que debo empezar por hacer una declaración de interés.

Los ensayos ingresaron en mi vida de lectora precoz y apasionada de una manera tan natural como lo hicieron los poemas, los cuentos y las novelas. Estaba Emerson al igual que Poe, los prefacios de Shaw al igual que sus obras teatrales, y un poco después los Ensayos de tres décadas de Thomas Mann, y “La tradición y el talento individual” de T.S. Eliot en paralelo con La tierra baldía y Los cuatro cuartetos, y los prefacios de Henry James al igual que sus novelas. Un ensayo podía ser un acontecimiento tan transformador como una novela o un poema. Uno terminaba de leer un ensayo de Lionel Trilling o de Harold Rosenberg o de Randall Jarrel o de Paul Goodman, para mencionar apenas unos cuantos nombres norteamericanos, y pensaba y se sentía diferente para siempre.

Ensayos con el alcance y la elocuencia de los que menciono son parte de la cultura literaria. Y una cultura literaria – esto es, una comunidad de lectores y escritores con una curiosidad y una pasión por la literatura del pasado – es justamente lo que no se puede dar por sentado en la actualidad. Hoy es más frecuente que un ensayista sea un ironista dotado o un tábano que un sabio.

El ensayo no es un artículo, ni una meditación, ni una reseña bibliográfica, ni unas memorias, ni una disquisición, ni una diatriba, ni un chiste malo pero largo, ni un monólogo, ni un relato de viajes, ni una seguidilla de aforismos, ni una elegía, ni un reportaje, ni…

No, un ensayo puede ser cualquiera o varios de los anteriores.

Ningún poeta tiene problemas a la hora de decir: soy un poeta. Ningún escritor de ficción duda al decir: estoy escribiendo un cuento. El “poema” y el “cuento” son formas y géneros literarios todavía relativamente estables y de fácil identificación. El ensayo no es, en ese sentido, un género. Por el contrario, “ensayo” es apenas un nombre, el más sonoro de los nombres que se da a una amplia variedad de escritos. Los escritos y los editores suelen denominarlos “piezas”.

No se trata solamente de la modestia o de la informalidad de los norteamericanos. Una cierta actitud defensiva rodea en la actualidad la noción de ensayo. Y muchos de los mejores ensayistas de hoy se apresuran a declarar que su mejor trabajo ha de encontrarse en otro lugar: en escritos que resultan más “creativos” (ficción, poesía) o más exigentes (erudición, teoría, filosofía).

Concebido con frecuencia como una suerte de precipitado a posteriori de otras formas de escritura, el ensayo se define mejor por lo que también es – o por lo que no es. El punto lo ilustra la existencia de esta antología, ahora en su séptimo año. Primero fueron Los mejores cuentos norteamericanos. Luego, alguien preguntó si no podríamos tener también Las mejores piezas cortas - ¿de qué? – de no ficción. La más exacta de las definiciones del ensayo, así como la menos satisfactoria, es la siguiente: un texto en prosa corto, o no tan largo, que no cuenta una historia.

Y sin embargo se trata de una forma muy antigua – más antigua que el cuento, y más antigua, cabría sostenerlo, que cualquier narración de largo aliento que pueda llamarse en propiedad una novela. La escritura ensayística surgió en la cultura literaria de Roma como una combinación de las energías del orador y del escritor de cartas. No sólo Plutarco y Séneca, los primeros grandes ensayistas, escribieron lo que llegó a ser conocido como ensayos morales, con títulos como “Sobre el amor a la riqueza”, “Sobre la envidia y el odio”, “Sobre el carácter de los entrometidos”, “Sobre el control de la ira”, “Sobre los muchos amigos”, “Sobre cómo escuchar discursos” y “Sobre la educación de los niños” – esto es, prescripciones confiadas de lo que han de ser la conducta, los principios y la actitud -, sino que asimismo hubo ensayos, como el de Plutarco sobre las costumbres de los espartanos, que son puramente descriptivos. Y su “Sobre la malicia de Herodoto” es uno de los ejemplos más tempranos de un ensayo dedicado a la lectura cuidadosa del texto de un maestro: es decir, lo que llamamos crítica literaria.

El proyecto del ensayo exhibe una continuidad extraordinaria, que casi se prolonga hasta el día de hoy. Dieciocho siglos después de muerto Plutarco, William Hazlitt escribió ensayos con títulos como “Sobre el placer de odiar”, “Sobre los viajes emprendidos”, “Sobre el amor a la patria” , “Sobre el miedo a la muerta”, “Sobre lo profundo y lo superficial”, “La prosa de los poetas” – los tópicos perennes -, así como ensayos sobre temas sesgadamente triviales y reconsideraciones de grandes autores y sucesos históricos. El proyecto del ensayo inaugurado por los escritores romanos alcanzó su clímax en el siglo XIX. Virtualmente todos los novelistas y poetas decimonónicos prominentes escribieron ensayos, y algunos de los mejores escritores del siglo (Hazlitt, Emerson) fueron principalmente ensayistas. Fue también en el siglo XIX cuando una de las transposiciones más familiares de la escritura ensayística – el ensayo disfrazado de reseña bibliográfica – obtuvo su lugar de privilegio. (La mayoría de los ensayos importantes de George Eliot fueron escritos como reseñas bibliográficas en el Westminster Review). Al tiempo que dos de las mejores mentes del siglo, Kierkegaard y Nietzsche, podrían considerarse practicantes del género – más conciso y discontinuo en el caso de Nietzsche; más repetitivo y verboso en el de Kierkegaard.

Por supuesto que calificar de ensayista a un filósofo es, desde el punto de vista de la filosofía, una degradación. La cultura regentada por las universidades siempre ha mirado el ensayo con sospecha, como un tipo de escritura demasiado subjetiva, demasiado accesible, a duras penas un ejercicio en las bellas letras. El ensayo, en tanto contrabandista en los solemnes mundos de la filosofía y de la polémica, introduce la digresión, la exageración, la travesura.

Un ensayo puede tratar el tema que se quiera, en el mismo sentido en que una novela o un poema pueden hacerlo. Pero el carácter afirmativo de la voz ensayística, su ligazón directa con la opinión y con el debate de actualidad, hacen del ensayo una empresa literaria más perecedera. Con unas cuantas excepciones gloriosas, los ensayistas del pasado que sólo escribían ensayos no han sobrevivido. En su mayor parte, los ensayos de otros tiempos que todavía interesan al lector educado pertenecen a escritores que no importaban de antemano . Uno tiene la oportunidad de escribir que Turgueniev escribió un inolvidable ensayo-testimonio contra la pena capital, anticipándose a los que sobre el mismo tema escribieron Orwell y Camus porque tenía presente a Turgueniev como novelista. De Gertrude Stein nos encantan “Qué son las obras maestras”, y sus Conferencias sobre América porque Stein es Stein es Stein.

No es sólo que un ensayo pueda tratar de cualquier cosa. Es que lo ha hecho con frecuencia. La buena salud del ensayo se debe a que los escritores siguen dispuestos a entrarle a temas excéntricos. En contraste con la poesía y la ficción, la naturaleza del ensayo reside en su diversidad -diversidad de nivel, de tema, de tono, de dicción. Todavía se escriben ensayos sobre la vejez o el enamoramiento o la naturaleza de la poesía. Pero también los hay sobre la cremallera de Rita Hayworth o sobre las orejas de Mickey Mouse.

A veces el ensayista es un escritor que se ocupa más que todo de otras cosas (poesía y ficción), que también escribe…polémicas, versiones de viajes, elegías, revaluaciones de predecesores o rivales, manifiestos de autopromoción. Sí. Ensayos.

A veces “ensayista” puede no ser más que un eufemismo solapado para “crítico”. Y, claro, algunos de los mejores ensayistas del siglo XX han sido críticos. La danza, por ejemplo, inspiró a André Levinson, a Edwin Denby y a Arlene Croce. El estudio de la literatura ha producido una vasta constelación de grandes ensayistas – y aún los produce, a pesar del acaparamiento que sobre los estudios literarios ha hecho la academia.

A veces el ensayista es un escritor difícil que ha descendido, felizmente, a la forma del ensayo. Habría sido deseable que otros de los grandes filósofos, pensadores sociales y críticos culturales europeos de comienzos del siglo XX hubiera imitados a Simmel, Ortega y Gasset, y Adorno, los cuales probablemente se leen hoy con placer apenas en sus ensayos.

La palabra ensayo viene del francés essai, intento – y muchos ensayistas, incluido el más grande de todos, Montaigne, han insistido en que una seña distintiva del género es su carácter aproximativo, su suspicacia ante los mundos cerrados del pensamiento sistemático. No obstante, su rasgo más marcado es la tendencia a hacer afirmaciones de un tipo u otro.

Para leer un ensayo de la manera apropiada, uno debe entender no solamente lo que argumenta, sino contra qué o contra quién lo hace. Al leer ensayos escritos por nuestros contemporáneos, cualquiera aporta con facilidad el contexto, la polémica pública, el oponente explícito o implícito. Pero el paso de unas cuantas décadas puede dificultar en extremo este procedimiento.

Los ensayos van a parar a los libros, si bien suelen iniciar su vida en las revistas. (No es fácil imaginar un libro de ensayos recientes pero inéditos todos). Así, lo perenne se viste principalmente de lo típico y, en el corto plazo, ninguna forma literaria tiene un impacto de semejante fuerza e inmediatez sobre los lectores. Muchos ensayos se discuten, debaten y suscitan reacciones en un grado que a los poetas y escritores de ficción a duras penas les cabe envidiar.

Un ensayista influyente es alguien con un sentido agudizado de aquello que no se ha discutido (apropiadamente) o de aquello que se debería discutir (de una manera diferente). Con todo, lo que hace perdurar un ensayo no son tanto sus argumentos cuanto el despliegue de una mente compleja y una destacada voz prosística.

En tanto que la precisión y la claridad de los argumentos y la transparencia del se consideran normas para la escritura del ensayo, a semejanza de las convenciones realistas, que se consideran normativas para la narración (y con la misma escasa justificación), el hecho es que la más duradera y persuasiva tradición de la escritura ensayística es la que encarna el discurso lírico.

Los grandes ensayos siempre vienen en primera persona. A lo mejor el autor no necesitará empleas el “yo”, toda vez que un estilo de prosa vívido y lleno de sabor, con suficientes aportes aforísticos, constituye de por sí una forma de escritura en primera persona: piénsese en lso ensayos de Emerson, Henry James, Gertrude Stein, Elizabeth Hardwick, William Gass. Los escritores que menciono son todos norteamericanos, y sería fácil alargar la lista. La escritura de ensayos es una de las virtudes literarias de este país. Nuestro primer gran escritor, Emerson, se dedicó ante todo a los ensayos. Y éstos florecen en una variedad de vertientes en nuestra cultura polifónica y conflictiva: desde ensayos centrados en un argumento hasta digresiones meditativas y evocaciones.

En vez de analizar los ensayos contemporáneos según sus temas – el ensayo de viajes, el de crítica literaria y otra crítica, el ensayo político, la crítica de la cultura, etcétera -. Uno podría distinguirlos por sus tipos de energía y de lamento. El ensayo como jeremiada. El ensayo como ejercicio de nostalgia. El ensayo como exhibición de temperamento. Etcétera.

Del ensayo se obtiene todo lo que se obtiene de la inquieta voz humana. Enseñanza. Elocuencia feliz desplegada porque sí. Corrección moral. Diversión. Profundización de los sentimientos. Modelos de inteligencia.

La inteligencia es una virtud literaria, no sólo una energía o una aptitud que se pone atavíos literarios.

Es difícil imaginar un ensayo importante que no sea, primero que todo, un despliegue de inteligencia. Y un inteligencia del más alto orden puede ante sí y de por sí constituir un gran ensayo. (Valga el ejemplo de Jaques Rivier sobre la novela, o Prismas y Mínima moralia de Adorno, o los principales ensayos de Walter Benjamín y de Roland Barthes). Pero hay tantas variedades de ensayo como las hay de inteligencia.

Baudelaire quería titular una colección de ensayos sobre pintores, Los pintores que piensan.

Es este punto de vista uno quintaesencial para el ensayista: convertir el mundo y todo lo que el mundo contiene en una suerte de pensamiento. En la imagen refleja de una idea, en una hipótesis – que el ensayista desplegará, defenderá o vilipendiará.

Las ideas sobre la literatura – al revés, digamos, de las ideas sobre el amor – casi nunca surgen si no es como respuesta a las de otras personas. Son ideas reactivas. Digo esto porque tengo la impresión de que usted – o la mayoría de la gente, o mucha gente – dice eso. Las ideas dan permiso. Y yo quiero dar permiso, por intermedio de lo que escribo, a un sentimiento, una evaluación o una práctica diferentes.

Esta es, en su expresión preeminente, la postura del ensayista.

Yo digo esto, cuando usted está diciendo eso no sólo porque los escritores son adversarios profesionales; no solo para enderezar la balanza o corregir el desequilibrio de una actividad que tiene el carácter de una institución (y la escritura es una institución), sino porque la práctica -y también quiero decir la naturaleza- de la literatura arraiga inherentemente en aspiraciones contradictorias. En literatura, el reverso de una verdad es tan cierto como esa verdad misma.

Cualquier poema o cuento o ensayo o novela que importe, que merezca el nombre de literatura, entraña una idea de singularidad, de voz singular. Pero la literatura – que es acumulación- entraña una idea de pluralidad, de multiplicidad, de promiscuidad. Todo escritor sabe que la práctica de la literatura exige un talento para la reclusión. Pero la literatura… la literatura es una fiesta. Una verbena, la mayor parte del tiempo. Pero una fiesta, así y todo. Incluso a título de diseminadores de indignación, los escritores son dadores de placer. Y uno se convierte en escritor no tanto porque tenga algo que decir cuanto porque ha experimentado el éxtasis como lector.

Ahí van dos citas que he estado rumiando últimamente.

La primera, del escritor español Camilo José Cela: “La literatura es la denuncia del tiempo en que se vive.

La otra es de Manet, quien en 1882 se dirigió a alguien que lo visitaba en su estudio de la siguiente manera: “Muévase siempre en el sentido de la concisión. Y luego cultive sus recuerdos; la naturaleza nunca le dará otra cosa que pistas – es como un riel que evita que uno se descarrile hacia la banalidad. Ha de permanecer usted siempre el amo y hacer lo que le plazca. ¡Tareas, nunca! ¡No, nunca hacer tareas!”

Prólogo a The Best American Essays, cortesía de El Malpensante, Bogotá, 1997.

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